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Alberto Zapater puso fin el pasado domingo al que era el sueño de su vida. Si a aquel pequeño chico de Ejea le hubieran dicho lo que iba a conseguir en más de 20 años de carrera y lo feliz que le iba a hacer el fútbol, seguro que le hubiera parecido una locura. Pero lo que nunca podría haber imaginado es que los que han sido sus compañeros en los terrenos de juego se iban a sentir tan afortunados de haber podido compartir con él su pasión. Un sentimiento por este deporte que se eleva a su máxima expresión cuando entra en escena el nombre del Real Zaragoza.

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