Alberto Zapater puso fin el pasado domingo al que era el sueño de su vida. Si a aquel pequeño chico de Ejea le hubieran dicho lo que iba a conseguir en más de 20 años de carrera y lo feliz que le iba a hacer el fútbol, seguro que le hubiera parecido una locura. Pero lo que nunca podría haber imaginado es que los que han sido sus compañeros en los terrenos de juego se iban a sentir tan afortunados de haber podido compartir con él su pasión. Un sentimiento por este deporte que se eleva a su máxima expresión cuando entra en escena el nombre del Real Zaragoza.
Aunque tarde o temprano se hubieran cruzado sus caminos, uno de los máximos responsables de que Zapater entrara en la cantera del club fue Carlos Rojo. Así recuerda uno de sus primeros técnicos la primera vez que vio al de las Cinco Villas. «Vino a la empresa a la que yo trabajaba con sus padres. Tendría 10 u 11 años. Estaba decidido a ser futbolista. Me pidieron que le hiciera una prueba y yo convencí al Zaragoza para que lo ficharan», rememora.
Según Rojo, destacaba ya en categorías inferiores por su físico. «Era una bestia, daba gusto ver cómo se entregaba y su carácter era muy noble. Era de los que se veía que podían llegar. Se le auguraba un futuro fantástico», señala. Su capacidad, sumada a su devoción por unos colores, era una combinación segura de éxito: «El Real Zaragoza era su vida. Todo lo que te puedas imaginar y más. Lo ponía por encima de todo».
Así lo cuentan también los que compartieron vestuario con Zapater. Con Lafita solo se lleva un año y les tocó compartir muchas cosas en común, tanto que cada uno tenía un mote para el otro. «Yo le llamaba Zidane y él a mí, Figo», recuerda el exzaragocista entre risas. «En la Ciudad Deportiva nos conocemos todos y había oído hablar mucho de él. Cuando lo conocí me di cuenta que era verdad todo lo que decían de él», añade. Momentos buenos y malos compartieron Lafita y el ejeano. Al final, forjaron una relación que todavía mantienen. «Además de ser mi amigo, ‘Zapa’ es un ejemplo en todos los sentidos y una pieza clave en cualquier vestuario. Lo querría siempre en mi equipo», subraya.
¿Qué será ahora de Zapater tras colgar las botas? Lafita no tiene clara la respuesta, aunque conociendo al aragonés puede intuir una respuesta. «El sentimiento que tiene por el Zaragoza hará que no esté muy lejos. No sé lo que tardará, depende de lo quemado que haya acabado del fútbol. Es una persona idónea para el club. Yo a la gente se casa la quiero siempre cerca», relata Lafita.
Otro de los que se considera su amigo es el exzaragocista Óscar González. «Es un gran jugador y un gran compañero. Pone siempre al equipo por encima de todo y siempre da su máximo. Es el tío que más se esfuerza del mundo», afirma el salmantino. De sus anécdotas, recuerda la obsesión con el peso de Alberto Zapater. «Se pesaba todos los días y si alguna vez se había engordado 100 gramos de más ...», se divierte contándolo.
«Aunque parece serio, es un tío muy divertido», asegura Óscar, que dentro del campo lo define como un jugador «muy inteligente, un portento físico y con muy buen pie». Sobre su futuro, el exfutbolista asegura que habló con él hace tan solo unos días y Zapater le dijo «que quería descansar su cuerpo y su mente. Aunque, conociéndole, seguro que le entra pronto el gusanillo del fútbol».
Óscar y Lafita conocieron al ejeano ya como compañero, pero para otros, como para Jorge Pombo, Zapater fue primero ídolo. «Me acuerdo de ir a La Romareda con mi padre. Era uno de sus favoritos, por eso me fijaba mucho en él. Me encantaba su garra. Era un jugador de los que ya no quedan», rememora. Cuando entró por primera vez al vestuario del Zaragoza, Pombo señala que «Zapater fue el primero en venir a hablarme». Él era el primero en llegar y el último en irse. Por eso te apretaba mucho, pero después era cariñoso». El aragonés recuerda la fuerza del de las Cinco Villas como capitán: «Transmitía mucho, te llegaba al corazón. Por cómo contaba las cosas, era imposible no creerle y seguirle», subraya. Ahora Pombo tiene claro que el sitio de Zapater tiene que estar cerca del Real Zaragoza: «Espero que siga ligado al club porque una persona como él haría mucho bien».
Uno que fue su compañero hasta su última temporada en el equipo aragonés fue Carlos Nieto. «Para mí era un referente. Al principio le trataba con mucho respeto, pero Zapater siempre era cercano y amable. En lo que podía, te ayudaba», dice el canterano. Nieto define al ejeano como «humilde y muy trabajador. Es un ejemplo, una persona con principios». Y, por supuesto, un «zaragocista de cuna». Por ello, Nieto cree que Zapater «estará sintiendo una impotencia increíble por ver la situación del club y no poder ayudar». El aragonés, por ello, también ve posible que se incorpore pronto al organigrama del club: «Necesitará su tiempo y pensarlo bien. Pero seguro que si ve un proyecto que le ilusione ahí estará porque Zapater es el Real Zaragoza».
Via: The Aragon Newspaper
