“Yo no quería estudiar. Empecé a trabajar muy pronto en hostelería, pero aquello no terminó de convencerme. También me gustaban los coches, como a todos los nenes de pequeños, pero tampoco me llamó lo suficiente. Hasta que un día el padre de un amigo buscaba a alguien a quien enseñar a cortar el pelo. Me gustó. Él tuvo que marcharse a Madrid, pero a mí ya me había picado la curiosidad. Fui a una academia. Y, por suerte, hasta hoy”.
Son las 14:00 horas. Las puertas de la barbería gijonesa Luchy Barber están abiertas de par en par. Algunos vecinos –rostros habituales del barrio– asoman. Entran, aunque sea para saludar. Dentro, Luciano, el dueño del local, y David, su ayudante, bromean como lo que realmente son: dos amigos. La barbería es un espacio luminoso, acogedor, casi doméstico. Todo está cuidado al detalle. En el centro destaca una mesa de billar que funciona como punto de encuentro y rompe por completo la idea clásica de una barbería. A un lado, una nevera con cervezas y refrescos invita a la conversación relajada, incluso a quienes no van a cortarse el pelo.
El local no es solo una peluquería –que también, porque los barberos se esfuerzan en lograr el mejor look y satisfacer al cliente–, sino un pequeño espacio de ocio pensado para soltar el estrés del día a día. La decoración habla por sí sola: las paredes parecen un museo del Sporting. Hay camisetas de jugadores ilustres que han sido –o siguen siendo– clientes: Zarfino, Maras, Cote, Marsà, Bogdan, Puma Rodríguez, Nacho Méndez, Izquierdoz…
El negocio, ubicado en una esquina y abierto para quien quiera asomarse aunque sea solo a saludar, se ha convertido en el lugar de confianza para muchos futbolistas del Sporting –y también para cantantes e influencers– que buscan una imagen cuidada. Desde que abrió sus puertas, Luciano Sierra, bonaerense de 31 años, ha logrado ganarse la complicidad de los protagonistas de El Molinón. Abandonó Argentina en 2011 en busca de una vida mejor en Gijón. “Vivíamos en un barrio bueno de Buenos Aires, Caballito, pero mi madre empezó a tener problemas con los robos”. Su abuela era gallega; su abuelo, de Infiesto.
“Todo empezó con un chaval que se llama Óscar, que venía a la barbería. Un amigo suyo, Juan, quería cortarse el pelo con su barbero, pero no tenía hueco. Me pidieron que le hiciera un sitio. Lo metí ese mismo día. A Juan le gustó el corte. Más o menos a la semana, el Sporting ficha a Borja López. Él se había cortado el pelo en Gijón, pero no le había gustado. Juan me dijo: “Luchy, ¿puedes pedir cita para un colega que se llama Borja?”. Recuerdo que pensé que me iba a fallar, que llegaría tarde. De repente, veo que aparca justo frente a la puerta un coche blanco, enorme, un X6. A partir de ahí empezaron a venir más: Bogdan, Mariño, Saúl (que fue capitán del Racing)… Pero el grande de todos, por encima de todos, es Cali (Izquierdoz). A él lo trajo Mariño”, ríe Luchy.
–¿Cómo consigue ganarse la confianza de todos?
“No se trata de hacerles sentir especiales, sino de que se sientan cómodos”, explica “Luchy”, que reparte tiempo, sonrisa y amabilidad a todos por igual: tanto a un excapitán de Boca Juniors como Cali Izquierdoz, como a cualquier ciudadano corriente.
“La gente tiende a tratar a los famosos de otra manera, como si fuesen especiales. Pero ellos buscan lo contrario: son personas normales, igual que nosotros. Están cansados de ese trato diferencial. La clave es justo lo contrario: hacerles ver que son gente normal, como cualquiera”.
–¿Pero no es distinto tener un cliente famoso que, digamos, a un ciudadano común?
“La importancia se la das tú, cuando te preguntas: ¿lo trato distinto porque es famoso o como a los demás? Ellos quieren que se les trate como a uno más. Ahí está la diferencia. Y ahí es cuando dicen: “Me siento cómodo””.
–Los jugadores son más exigentes y cuidados con su estética. Se cortan el pelo prácticamente todas las semanas.
“¡Pero es que mucha gente se corta el pelo todas las semanas!”, ríe Luchy. “Lo que pasa es que ellos salen todas las semanas en la tele. Pero no son más presumidos que un monitor de gimnasio o que un influencer”, sentencia.
Via: The New Spain
