Una villa de 14.000 habitantes contra el equipo de una isla donde ya se concentra casi un millón de residentes. Un presupuesto modesto contra un transatlántico fuera de su sitio natural. Será un David contra Goliat. El partido del próximo sábado en el Heliodoro Rodríguez López –correspondiente a la 14ª jornada de la competición– refleja mejor que ningún otro la sensación de extrañeza que puede sentir cualquier aficionado del CD Tenerife en una categoría semiprofesional como es esta. Posiblemente no haya habido ninguna otra jornada con un cartel tan desigual, con un rival con muchos méritos –nadie puede discutírselos–pero sin casi ningún tirón mediático o histórico. Un equipo pequeño, a mucha honra.
Frente a las dos participaciones europeas del representativo, sus muchos años en Primera División y su larga trayectoria a escala profesional, el CD Arenteiro –debe su nombre a un río– tiene por principal logro histórico haber disputado siete temporadas en la tercera categoría del fútbol español y el doblete del curso 2022/23, cuando se proclamó campeón de liga en Segunda Federación y de la Copa Federación.
Fundado en 1958, el Arenteiro aterrizó en la ahora Tercera RFEF en la temporada 1964/65 y se mantuvo tres años consecutivos en esta división. No fue hasta 1980 cuando consiguió de nuevo el ascenso a esta competición que ha sido casi siempre su ecosistema más natural.
Hay más diferencias ostensibles entre el Tenerife y su visitante modesto del sábado. Por ejemplo, los aforos de sus respectivos estadios: unos 22.000 el Heliodoro, apenas 2.000 Espiñedo, ahí donde también juegan las categorías inferiores de la cantera del Sporting Carballiño. Mientras el presupuesto potente de los blanquiazules les ha permitido confeccionar una plantilla con recursos y variantes de sobra en todas sus demarcaciones –hasta el punto de que se permitió el lujo de no inscribir a un futbolista extranjero como Agüero–, el Arenteiro apenas tiene fuentes goleadores. De hecho, su gran déficit es que solo han hecho diana tres de sus futbolistas. Víctor Mingo acapara cinco de los goles de los carballineses, por dos del defensa Diego Moreno y uno solo de Martín Ochoa. En total, ocho tracas que son bagaje absolutamente insuficiente para pensar en mantener la categoría. También han cambiado de míster, pero el efecto deseado no ha llegado todavía.
Desde que arrancó al liga han ganado solo a Cacereño y Unionistas, eso sí, de forma consecutiva; y el reto que se plantean a corto plazo es equilibrar el número de tantos realizados (8) frente al de goles encajados (15). Valga como muestra un botón para clarificar las distancias siderales entre el equipo que será anfitrión este sábado y el que vendrá por vez primera al Heliodoro: el Tenerife ha anotado más del triple de tantos que el Arenteiro (26) y ha recibido la mitad, solo ocho.
En su historial como club deportivo, el Arenteiro nunca visitó el Archipiélago, aunque sí jugó una vez (como local) ante el Panaderías Pulido en la Copa Federación. Ahora bien, su cartel de equipo modesto no ha sido óbice para que algunos jugadores con cierta trayectoria lo hayan elegido como destino. Por ejemplo Bastida, que llegó a ser internacional en las categorías inferiores de la selección y al que bien conoce Cervera (de su etapa en el Cádiz). O Sergio Aguza, canterano del Real Madrid y con un larguísimo recorrido en el fútbol profesional, donde jugó para Almería, Córdoba o Cartagena. No obstante, el apellido más ilustre del plantel es Guerrero, por Julen Jon, hijo del mítico futbolista del Athletic y que ya suma cuatro titularidades con el Arenteiro en su primer año jugando para los de O Carballiño.
