Pocos senderos en Cataluña despiertan tanto encanto como el Camí de Ronda, el gran clásico del litoral de la Costa Brava. Este itinerario, que une Blanes con Portbou a lo largo de más de 200 kilómetros, serpentea entre acantilados, calas escondidas, pueblos marineros y miradores que se abren sobre el Mediterráneo.
El origen del Camí de Ronda se remonta al siglo XIX, cuando servía a pescadores, contrabandistas y guardacostas para vigilar el litoral. Hoy, convertido en uno de los senderos más populares de Cataluña, conserva ese aire aventurero y salvaje que lo hace irresistible para senderistas y amantes del mar.
Aunque recorrerlo completo es un reto de varios días, muchos visitantes optan por tramos emblemáticos que condensan su belleza. Uno de los más recomendados es el que une Calella de Palafrugell, Llafranc y Tamariu, en pleno Baix Empordà. Son unos 12 kilómetros de ida y vuelta que combinan playas, caminos empedrados y escaleras que trepan entre pinos y acantilados.
The San Sebastian lighthouse / visitacostabrava.com
En este recorrido, cada curva del camino regala una postal. Calas como El Golfet, Aiguablava o Cala Pedrosa parecen escenarios escondidos entre bosques de pinos y rocas rojizas. La transparencia del agua, el olor a sal y el rumor constante de las olas acompañan cada paso.
El faro de Sant Sebastià, en lo alto del acantilado, es uno de los miradores más espectaculares del Mediterráneo. Desde allí se domina toda la costa, desde las islas Medes hasta el Cap de Begur. En verano, el atardecer tiñe el horizonte de naranja y oro, y en invierno, el silencio lo convierte en un refugio perfecto.

The Camí de Ronda through S’Agaro / visitacostabrava.com
Otra opción muy recomendable es el Camí de Ronda entre S’Agaró y Platja d’Aro, una versión más accesible, urbanizada pero igualmente encantadora. El trazado se puede completar en poco más de una hora y atraviesa antiguas casas de veraneo, escaleras de piedra y miradores colgados sobre el mar.
Más al norte, los tramos de Cadaqués, Roses o el Cap de Creus muestran un paisaje más agreste y ventoso, donde el Mediterráneo se mezcla con la roca desnuda. Son rutas más técnicas, pero de una belleza salvaje incomparable.
El Camí de Ronda es un viaje por la historia del litoral catalán. A lo largo del camino se conservan antiguos refugios de pescadores, torres de vigilancia y restos de la arquitectura marinera tradicional.
El sendero forma parte del GR-92, el gran recorrido que atraviesa todo el Mediterráneo catalán. Gracias a su señalización impecable (las marcas blancas y rojas), es fácil de seguir incluso para senderistas sin experiencia. Y aunque algunos tramos tienen escaleras y pendientes, la mayoría son aptos para todos los públicos.
Caminar por el Camí de Ronda es descubrir el alma de la Costa Brava: su luz, su geografía caprichosa y ese equilibrio perfecto entre mar y montaña. Una experiencia que invita a detenerse, bañarse, mirar el horizonte… y seguir caminando.
