El Celta volvió a asustar al Barça, pero una vez más no fue suficiente. A Claudio Giráldez se le sigue resistiendo su gran noche frente a uno de los gallos de LaLiga. Hoy, los catalanes se sintieron vulnerables en Balaídos durante toda la primera mitad, pero su efectividad y el bajón físico de los celestes en la segunda mitad terminaron por decantar la balanza.
El partido se decidió en un maravilloso intercambio de golpes en una intensa primera mitad. La inteligencia de Borja Iglesias, sumada a la velocidad de Jutglà y Durán, fue la mejor arma del Celta contra la línea tan adelantada de los azulgrana. Pero el equipo de Giráldez tenía un problema con Marcus Rashford en su regreso a Balaídos ocho años después de aquella semifinal de Europa League. El delantero inglés explotó la fragilidad defensiva de Mingueza de forma tan evidente que Claudio se vio obligado a sustituirlo al descanso. Para entonces el inglés ya había generado dos goles, disparado al palo y errado un mano a mano frente a Radu.
Pitó el árbitro y comenzó el frenesí. Szczęsny salvó un mano a mano frente a Durán, al que le señalaron un fuera de juego que se habría revisado y poco después el VAR advirtió de un penalti por mano de Marcos Alonso que Radu estuvo a punto de detener a Lewandowski. El portero rumano fue clave justo después para negarle el gol a Rashford y en esa misma jugada Carreira se hizo una pared con Borja Iglesias en la medular, se recorrió el campo en solitario y cruzó ante Szczęsny para hacer el empate. Siguió el Celta atacando los espacios y Jutglà tuvo una gran opción desde la frontal que se marchó alta. Hasta pudo haber marcado el equipo vigués desde el centro del campo con un intento de Borja que a punto estuvo de sorprender al portero polaco del Barça. Solo habían pasado quince minutos.
Parecía imposible que el partido se calmase porque el Celta seguía encontrando la manera de correr a campo abierto. Pero el Barça apostó por ataques posicionales y por generar ventajas en su banda izquierda, donde Jutglà ofreció pocas ayudas a Mingueza y Rashford galopaba a sus anchas. El británico no marcó —estuvo a punto con un disparo al palo— pero fue el gran protagonista. Antes del descanso aprovechó que le concedían un par de metros para asistir a Lewandowski con un centro envenenado. El Celta respondió de forma instantánea. Jutglà se escapó por la banda y puso un centro raso a la frontal para que Borja Iglesias presentase el interior del pie y mandase la pelota a la escuadra. Parecía que el partido iba a llegar igualado al descanso, pero en el descuento Rashford volvió a hacerle el lío a Mingueza. Su pase a Olmo lo desvió Ilaix y el balón terminó en la bota derecha de Lamine, que batió a Radu.
En la segunda mitad, el plan del Celta pasaba por frenar la sangría y tratar de llegar con opciones a la recta final ya con Aspas y Bryan Zaragoza en el campo. Pero a los vigueses les empezaron a pesar las piernas después de un partido tan duro y una semana tan exigente. Se hundieron en torno a su área; el Barcelona agradeció el favor y durmió el partido con posesiones largas. En el ecuador del segundo tiempo, justo después de la entrada de Iago, Rashford asistió a Lewandowski desde el córner y el polaco conectó un cabezazo perfecto para completar su triplete. El Celta ya no inquietó más. Lamine pudo ampliar el marcador pero se encontró con la madera y Frenkie de Jong terminó expulsado por doble amarilla. El parón de selecciones servirá a los vigueses para recuperar oxígeno y efectivos.
Via: Faro de Vigo
