Salió blando el Oviedo, un equipo de plastilina, con buenas intenciones pero una marcha menos que el rival. Lo que ante cualquier rival es una concesión importante, con el Atlético de Simeone, equipo de armadura, es sinónimo de batacazo. Lo fue para el Oviedo, en una media hora muy pobre, nada competitiva, y lo aprovechó el Atleti para despachar la cita en 27 minutos, lo más sensato, pensarían los rojiblancos, tras el esfuerzo de Champions y la inminente cita en el Nou Camp. No, como pueden comprobar, no fue el Oviedo (2-0) el visitante más incómodo que se ha encontrado el Atlético esta temporada.
El vistazo a las alineaciones parecía sugerir un Atleti a medio gas, con la mente viajando a Barcelona, y un Oviedo de emociones fuertes en la derecha, donde regresó tras su ausencia post Paunovic Hassan. Ni lo uno ni lo otro. El Atleti fue el Atleti y el Oviedo fue el colista. Así que se vio el partido que cualquiera se hubiera imaginado entre dos equipos a los que separa un abismo.
La sesión de bajas revoluciones entre el Inter y el Barça fue también una ocasión para que los menos habituales con el Cholo se mostraran, en especial un Sorloth que a los 7 minutos le ganó el primer sprint a Costas e incordió a Aarón con un zurdazo. Fue solo un aviso.
Males persistentes
Al Oviedo de Carrión le persiguen varios males desde que asumiera el cargo. Quizás el de la escasa efectividad anotadora sea el más llamativo, pero lo de no ser capaz de frenar una sola transición del rival es aún más sangrante. Cada pérdida azul es una invitación al enemigo para sacar los cuchillos. No ahoga el Oviedo al rival tras pérdida, se limita a recoger cable, recular hasta su área y ahí esperar que surja el milagro. No parece la mejor estrategia posible ante un Atleti que saborea cada balón al espacio.
No tardó el partido en inclinarse del lado local. Fue a los 17, tras otro aviso de Sorloth en un córner. A la tercera, premio. La escasa aportación defensiva de Hassan fue aprovechada por Baena para, servicio con túnel, lanzar a Hancko y este ponerla al área, donde el gigante noruego empujó en la soledad del segundo palo.
Lo cierto es que se veía venir, con un Oviedo que rodaba en cámara lenta y un Atleti que, sin pisar fondo, sí encontraba muchas facilidades. Oblak tardó en intervenir 22 minutos: desvió con la manopla un centro cerrado de Hassan. Quien pensara que las cosas iban a cambiar con esa acción pronto comprobaría que era solo un espejismo. Porque a los 27 volvió Sorloth a cruzarse en el camino azul. Un nuevo servicio desde la izquierda, donde Vidal y Hassan hablan idiomas diferentes, y el ariete atlético comiéndose esta vez a Carmo, tibio en la disputa. El 2-0 evidenció la endeblez de los de Carrión.
Antes de la media hora, el Atleti había dejado encarrilado el asunto, así que se permitió siestear ante los gestos de desaprobación de Simeone. El Oviedo aceptó la invitación para, de la mano de Cazorla, permitirse gobernar el choque, algo a lo que ni se había acercado hasta entonces. El primer remate como tal se dio a los 35, cabezazo centrado de Viñas a centro de Cazorla. El mayor susto, no obstante, fue tres minutos después, con Hassan enganchando mal un balón idóneo en el área. El paso, por supuesto, había sido de Cazorla.
Se fue al descanso el Oviedo con algún síntoma de mejora, era imposible ir a peor, pero con la duda de si había sido por su mejoría o porque el Atleti ya había empezado a pensar en el Nou Camp.
Cambio tras el descanso
Salió con otro talante el Oviedo tras el descanso y al menos empezó a coleccionar amagos de llegadas. Un centro de Vidal, un derechazo del lateral, un remate forzado de Viñas… Con eso poco se encendió la parte de la grada azul. La más clara, a los 60, un zurdazo desviado de Cazorla tras una acertada incursión en la izquierda. Definitivamente, el guion había cambiado. Lo que no lo había hecho era el poco colmillo del Oviedo.
Siendo cierto que los azules dominaron y cortaron la hemorragia defensiva, la cosa es que no le dio al equipo para dañar al Atlético. A las acciones ya comentadas nada más volver les siguieron más acercamientos, poca cosa, para al menos instalarse en campo rival y alejar el juego de un Aarón mucho más tranquilo que en el primer acto.
En realidad, todo el segundo tiempo fue prescindible porque todo se había solucionado en media hora de superioridad atlética. Un centro cerrado de Cazorla que despejó con apuros Oblak y un mano a mano que Aarón le ganó a Giuliano fue lo único destacado de un tramo final con mucho pase sin picante.
Pobre bagaje para el Oviedo en el Metropolitano. Puede caerse en el atajo de mencionar que el Atleti no es de la liga de los azules pero al menos uno espera que el equipo sea incómodo en cualquier escenario, no un rival amistoso, inofensivo y que da facilidades.
