El Barcelona es un club de locos. Ahora, y siempre. Hace una semana la euforia era generalizada en una ‘culerada’ por todo lo que suponía la vuelta al Camp Nou y por la goleada al Athletic Club. Se respiraba optimismo por los cuatro costados. Era el renacer definitivo. Era el despegue. Que coincidiera con el traspié del Real Madrid ayudó todavía más acrecentar el sentimiento colectivo de que se iba lanzado a por la Liga y a por la Champions.
Tres días después, todo parece de otro color. Una paliza en Londres y de vuelta a casa cabizbajo, con la cola entre las piernas. Araujo señalado y con De Jong en el punto de mira, dos de los capitanes tocados. La sensación de entusiasmo se evaporó en cuestión de unas pocas horas. La otra cara de la moneda en muy poco tiempo. Ni el mensaje alentador y esperanzador de Hansi Flick pudo cambiar este sentimiento. Como vasos conductores, el Barça vive pendiente del Madrid. Y viceversa. Pese a la triste imagen del equipo de Xabi Alonso en Grecia, la victoria pareció tocar un poco más al Barça y propició que este cambio de tornas se acentuarán. Así es este club. Y así es la masa social.Del blanco y negro en poco tiempo.
Por todo ello, desconfío de aquellos que dicen que Laporta no tendrá rival en las elecciones, que será una goleada histórica la que logrará ante los opositores, que las votaciones serán un trámite porque Laporta se los comerá a todos. Todos deberían recordar que esto es el Barça. Que de un día para otro puede cambiar la sensación general que lo que hoy es así, mañana es ‘asá’. Que el que está en la cima caerá pronto y volverá a subir. Ya sea un jugador, un entrenador o un presidente.
Por todo ello, sería bueno tener un poco de prudencia en dictar sentencias a seis meses vista de las elecciones o del final de temporada porque durante este tiempo pueden ocurrir muchas cosas que cambien el sentimiento del aficionado. Como bien decía una persona que se planteaba aspirar a la presidencia: “No haré ningún movimiento hasta el último momento porque es entonces cuando se decide todo”. Y esta calma debería imperar en la masa social.
