El Periódico


No sobra nadie, nos necesitamos todos, todas las miradas, acentos y estrategias”. Esta frase la pronunció Carles Puigdemont el día de la fundación de Junts per Catalunya. Era julio de 2020: el año del coronavirus, pero también el año en que acabó de estallar el espacio posconvergente. Después de haber probado otros experimentos como la Crida y de arrastrar múltiples tensiones con el PDECat, el divorcio fue agrio y con batalla judicial de por medio, Puigdemont rompió el carnet de su anterior partido. Tras él, una amplia retahíla de dirigentes de la antigua Convergència hicieron lo propio. Cinco años después, con el PDECat derrotado en las urnas y ya disuelto, varios miembros de la formación han dejado de ver la herencia de CDC como un activo tóxico y presionan para recuperar parte de su pasado, y para mover su agenda más hacia la derecha.

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