Finestrat se convirtió hace exactamente un año en el escenario de un gesto político poco común en tiempos de polarización. El entonces alcalde, Juanfran Pérez Llorca, decidió dedicar un parque del municipio al histórico dirigente socialista Miguel Llorca, que gobernó durante más de dos décadas la localidad de la Marina Baixa. Aquel día se colocó la placa con su nombre. Un año después, Pérez Llorca ha vivido su investidura como presidente de la Generalitat gracias a los votos de Vox, pero mantiene aquel homenaje como una de las decisiones más simbólicas de su etapa local como dirigente local.
El municipio de la Marina Baixa, de unos 10.000 habitantes, era para muchos un ejemplo de que aún existe otra política posible. En un contexto de ruido, tensión y enfrentamientos permanentes, el clima que durante años cultivaron sus dos alcaldes más longevos —uno del PP y otro del PSOE— contrasta con la dinámica dominante en la esfera autonómica y estatal. Allí, las discrepancias no impidieron mantener un respeto mutuo que ambos consideran esencial para la vida pública.
Espacio emblemático
El parque rebautizado como Miguel Llorca es un espacio emblemático del municipio: más de mil metros cuadrados de vegetación mediterránea, agua, pasarelas y zonas de uso ciudadano que el socialista impulsó en su largo mandato. Fue alcalde desde 1981, apenas dos años después de las primeras elecciones municipales democráticas, y mantuvo seis mayorías absolutas consecutivas hasta 2007. Su retirada por motivos de salud abrió la puerta a la llegada del PP a la Alcaldía. En 2015, Pérez Llorca asumió el cargo y desde entonces ha encadenado resultados electorales abultados, como el 74 % de apoyo obtenido en 2023.
El homenaje fue aprobado por unanimidad del Pleno —once ediles del PP y dos del PSOE— y buscaba reconocer la labor de quien más tiempo ha gobernado el municipio. “Los homenajes hay que hacerlos en vida”, defendió entonces Pérez Llorca. Miguel Llorca, visiblemente emocionado, agradeció el gesto y lo entendió como una llamada a preservar la política basada en el diálogo: “Es un buen ejemplo para las generaciones venideras”.
Ambos compartieron aquellos días unas conversaciones que sintetizan esa convivencia política. Pérez Llorca recordó que, desde que llegó al Ayuntamiento, no ha retirado placas ni referencias de etapas anteriores. El socialista lo corroboró: “No ha quitado nada de lo que hice”. Y él mismo rememoró una anécdota de los años ochenta para ilustrar una política más cercana: una mañana coincidió con Luis Díaz Alperi, entonces dirigente de UCD, que buscaba compañeros para pegar carteles. “Le ayudé. Eran otros tiempos”, dijo.
La cita también tuvo espacio para hablar de la actualidad, marcada entonces por los efectos devastadores de la dana en la provincia de Valencia. El exalcalde mostró su apoyo al popular en medio de la crisis política derivada de aquella gestión. “Tiene mucho futuro, es muy listo”, afirmó, en un vaticinio que cobra más sentido en la actualidad. Pérez Llorca, por su parte, insistió en que sigue pidiendo consejo a quien considera uno de sus referentes: “Aprendí del mejor”.
Convivencia política
En el trasfondo del homenaje estaba, además, la convicción de que la convivencia política empieza por lo local. El socialista lamentó la crispación estatal y defendió el bipartidismo como una vía para recuperar estabilidad. Pérez Llorca, aunque más prudente, coincidió en que el clima político cambiará: “Pasará, aunque no a corto plazo”.
El encuentro concluyó con un intercambio de palabras que sellaba esa complicidad entre dos generaciones. Miguel Llorca expresó su deseo de que el ahora presidente de la Generalitat reciba algún día un reconocimiento similar. Pérez Llorca lo rechazó entre risas: “No quiero nada”. Pero sí admitió cuál sería su satisfacción inmediata: “Seré feliz cuando vea tu nombre en esta placa”.
Ahora, un año después de ese homenaje de un alcalde del PP a un antecesor socialista, Pérez Llorca se ha convertido en presidente de la Generalitat gracias a los votos de Vox.
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