A las puertas del 50 aniversario de la muerte del dictador, el franquismo vuelve a estar presente. Según el último barómetro del CIS, una cuarta parte de los nacidos antes de 1960, los que ya eran adolescentes cuando Franco murió, tiene buen recuerdo de la época. ¿Se trata de una nostalgia manufacturada, o realmente la población que vivió bajo el franquismo estaba contenta con el régimen?
Es complicado medir el nivel de aprobación de la población respecto a un régimen sin elecciones libres o encuestas fiables. “No puede haber consenso cuando no hay libertad de elección”, reflexiona Antonio Cazorla, catedrático de Historia en la Universidad de Trent (Canadá) y experto en dictaduras.
Los pocos estudios demoscópicos realizados en los años 60 y 70 registran un creciente deseo de un gobierno “elegido por el pueblo”. Aun así, la libertad y la democracia no eran prioritarias para la población, más preocupada por la paz y la justicia, incluso durante la Transición.
“Todavía hoy se recuerdan más los últimos años de bonanza que las primeras décadas de pobreza”, explica a Verificat la profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Halle (Alemania) Anna Catharina Hofmann, autora de ‘Una modernidad autoritaria’. A sus ojos, esta memoria selectiva permite cierta “nostalgia”.
El crecimiento económico de los años 60, caracterizado por la política desarrollista que consiguió levantar una España destrozada por la autarquía, según diversos historiadores y economistas, marcó el inicio de una nueva faceta del régimen. El franquismo se postuló como un “régimen de rendimiento económico”, tal como describe Hofmann, no sin dosis de propaganda: se articula una imagen de Franco como el “benévolo creador de prosperidad” a través de “viajes coreografiados y visitas a plantas industriales”.
El 600 y la casa en la playa
Aunque se mantienen grandes desigualdades, las finanzas de las familias urbanas se expanden. “La gente se centra en consumir y vivir, después de mucho tiempo sin hacerlo”, explica Cazorla. El Seat 600, las vacaciones e incluso la casa en la playa pasan a ser las prioridades de la clase media urbana. Franco cosecha esta mejora de expectativas y “consigue que se olviden los primeros veinte años de extrema pobreza”, expone Cazorla.
Incluso con la nefasta situación económica entre 1939 y finales de los 50 el consenso entre los historiadores es que el franquismo gozaba de la “conformidad pasiva” de una parte importante de la población. El apoyo entusiasta de los falangistas convencidos era minoritario, como también lo era la oposición directa, fuertemente reprimida.
Y es que las principales preocupaciones de posguerra eran la paz y el pan. “El sentimiento mayoritario cuando termina la Guerra Civil es: «Por fin»”, destaca Cazorla. Franco, que años atrás había iniciado una guerra, se convirtió en sinónimo de paz.
El papel de la censura
La censura permitió a Franco eludir su responsabilidad política de la pobreza: a ojos de la población, la culpa era de los políticos locales. “No hay una prensa libre que explique que la culpa de la pobreza es del dictador, así que se ve a Franco como un hombre honrado engañado por su entorno”, indica Cazorla. Así, Franco mantuvo su popularidad a pesar del gran descontento popular.
La estabilidad de la dictadura también se explica por una represión “brutal y prolongada, que generó un miedo permanente entre la población”, señala Hofmann.
La división entre vencedores y vencidos “aseguró el sostén y lealtad” de quienes habían apoyado el bando sublevado, bañados con privilegios, que, recuerda Hofmann, todavía perduran. Sin el apoyo de los militares, la Iglesia, la burguesía y las clases medias acomodadas, la represión no habría bastado, defiende el historiador Claudio Hernández en Franquismo a ras de suelo.
Las brechas del régimen
Cuando se acerca la muerte de Franco, las grietas del régimen salen a la luz. La clase obrera y los universitarios empiezan a organizar una oposición eficaz y cuando la sociedad ve que el régimen solo responde con violencia (palizas, detenciones, ejecuciones), aumenta el desprestigio.
Desde entonces, la renta de los españoles y el gasto social público se han más que duplicado. También ha crecido la tasa de adultos con empleo, según el análisis de Verificat con censos de población. Pero el mito del “dictador eficaz” todavía perdura. “Muchos piensan que antes tenían la educación, la sanidad y las oportunidades que tenemos ahora, pero con orden y sin inmigrantes, feministas ni homosexuales”, teoriza Cazorla: “Nada más lejos de la realidad”.
Subscribe to continue reading
